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Marcia

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Marcia tiene violetas en los ojos. Y el corazón (de tan vacío), convertido en cáscara frágil y permeable. Allí expone las lágrimas perdidas cuando daba de beber a pájaros sedientos. Marcia acuna palabras  en hojas de cuaderno. Y se oculta en las ramas de aquel naranjo del patio de juegos de su infancia. El mismo que hace rato dejó de florecer. Dispone aguaceros cuando la luna asoma, para saltar en los charquitos, disfrazada de pálida torcaza. Cree volverse invisible, confundida en una nube azul o dispersa en el aire  como pluma robada de algún nido. Marcia arropa unos sueños, los que todavía no sucumbieron en incendios. Así pasan sus horas. Mientras, esculpe caracolas en el estero agreste de sus días.        Catalina Zentner Diciembre de 2010 Direchos Reservados La imagen fue extraída de Aquí

Hacia el enigma

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Vuelo hacia un cielo tremendamente azul que pinta mis ojos, cubre mis alas, provoca sensaciones y atrae a multitud de sueños que encarnan en pájaros veloces tras mi derrotero. Vuelo hacia el increíble país de la poesía, me disperso en la claridad, hablo con seres tan diminutos que el ojo humano no alcanza a divisarlos, ellos  me cuentan secretos de estrellas fugaces y libélulas espaciales, me deslumbran con sonidos  de campanillas forjadas en el viento y me convidan con libaciones extraídas de pétalos de rarísimas flores. Calmo mi sed sin dejar de volar,  dejándome arrastrar por el clima etéreo y singular, onírico y travieso, vestida de inocencia y  liderando, sin habérmelo propuesto,  la escuadra de avecillas que eligieron abandonar el asfalto y lanzarse hacia el enigma, para inventar un nido de esperanzas.

Carta a un amigo que fue...

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Nunca pensé que alguna vez te escribiría una carta como esta. Uno se resigna ante los vaivenes del amor, ante los adioses abruptos, ante el desengaño cuando el abandono irrumpe para envolvernos en una soledad incombustible. Pero en nuestra absurda ingenuidad, creemos que la amistad es para siempre. Nos aferramos al afán de querer y ser queridos limpiamente. Sin otra aspiración que la de construir una relación afectiva exenta de resentimiento. Entendiendo y respetando los silencios del otro, aquel que me refleja y que soy yo dividida en otro ser. ¿Sabés una cosa? Alguna vez creí en las utopías. En ese “no lugar” que nos inventamos para apostar que es posible la cristalización de nuestros sueños. Y fue así como te soñé. Y te ubiqué en mi corazón, junto a los seres que más amo. Compartiendo contigo secretos, temores, alegrías, esperanzas. Alentando las tuyas sin mentirte. Porque hubiese sido fácil hacerlo y dar respuestas que tus oídos quisieran escuchar....

Quise contarla a la luna...

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Quise contarle a la luna, de remotas pasiones disueltas en cenizas, de vacío de ausencias, recuerdos congelados, remolinos nacientes, pecados y naufragios. Quise contarle a la luna, que cabalgo al galope de sueños imposibles, de amores extraviados en medio de la niebla, de vírgenes y bosques, de espacios infinitos. de lo que no se nombra, más allá del espanto. Quise contarle a la luna de tormentas y playas, de oscuros precipicios, de obsesiones que inquietan, ahogan y estremecen, de los últimos fuegos y mapas de poesía, de umbrales y magnolias teñidas con mi sangre. La luna me sonríe, como si comprendiera. y me abrazo a su luz, aunque no me responda. Catalina Zentner