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Mostrando entradas de febrero, 2011

Marcia

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Marcia tiene violetas en los ojos. Y el corazón (de tan vacío), convertido en cáscara frágil y permeable. Allí expone las lágrimas perdidas cuando daba de beber a pájaros sedientos.
Marcia acuna palabras  en hojas de cuaderno. Y se oculta en las ramas de aquel naranjo del patio de juegos de su infancia. El mismo que hace rato dejó de florecer.
Dispone aguaceros cuando la luna asoma, para saltar en los charquitos, disfrazada de pálida torcaza.
Cree volverse invisible, confundida en una nube azul o dispersa en el aire  como pluma robada de algún nido.
Marcia arropa unos sueños, los que todavía no sucumbieron en incendios. Así pasan sus horas. Mientras, esculpe caracolas en el estero agreste de sus días.       
Catalina Zentner Diciembre de 2010 Direchos Reservados

La imagen fue extraída de Aquí

Copa de frutos rojos

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Incitante provoca  como labio sediento entre canto y dislate sobre luna playera copa mi copa virgen de carmesí vestida libro de augurios plenos pasadizo escondido.
Dame cardos y olivos préstame dos candiles bórdame un pasacalle de frutos recubierto y enciérrame el instante de frutal abandono cebándome de olvidos la piel desheredada.
Copa de rojos frutos devuélveme utopías instáurame cerrojos ponme azules banderas allí donde nutrientes de pubis y palomas amparan  quijotesco fárrago de mis días.
¡Ay de los frutos rojos que mi boca disuelve de la copa la copa que me sacia y embrolla en turbión y espejismo en pimiento y adelfas!
Copa de frutos rojos cantera originaria péndulo enamorado del pabilo y la llama.
Catalina Zentner Febrero de 2011 Derechos reservados

24 meses, 730 días

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No hace falta que cuente las horas los minutos ni tampoco los huecos del alma abandonada. Enlutados arpegios quiebran monotonías de esperar lo inasible. ¿Chopin o Liszt? No importa.
Sin rayo  que ilumine mis jardines desnudos ni pájaros al borde de fuentes ilusorias invoco a los espíritus de la rosa y su espina vientos desapacibles. Soy estatua de piedra.


Mi boca ríe mis manos se agitan bordadoras de tapices que ocultan aristas y desgarros mi voz se entrena en cantos de enigmas-paradigmas en los que me cobijo cuando todo descree.
Son 24 meses con sus días sus noches sus naufragios sus péndulos sus horas y minutos.
Apagadas las llamas de lámparas de fuego perdidos los azules donde la nada aguarda vallado de crepúsculos remezón y silencio.

 19 de febrero, 24 meses sin vos. Y tu recuerdo, siempre.

Saldo en rojo y unos días ausente

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Queridos amigos, estaré de regreso el 15 de febrero y a partir de entonces me pondré al día con visitas y comentarios.

Les dejo un poema que surgió de la melancolía propia de esta época.

Los quiero y agradezco vuestra presencia amiga.





Muchas cosas nos quedaron pendientes:
visitar Japón en primavera,
enumerar las cuentas de rocío,
acelerar aromas en los bosques.

Hubiésemos danzado con el viento
empapados de azul en Anatolia.
Ciclámenes bordáramos en Grecia
en manteles de cielo amanecido.

No hace falta decirte que una máscara
de palidez cerúlea es el castigo
por los días perdidos y el deshielo
de lúdicos instantes transitorios.

Un año más se cierne de tu ausencia
ayuno y contrición no dan reparo
a la absuelta mirada que persigo
entre brote de lágrima y derrota.

Países descolgados de entelequias,
islas de florecidos espineles,
inéditos sabores y perfumes,
marismas recostadas en orillas.

(Irresueltos enigmas que perduran
embarcados en luna distraída.)