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Mostrando entradas de julio, 2010

Dama nocturna

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Del lupanar estrella requerida,
piel de satén y encaje, su cadera
curvatura exquisita, trampa artera,
seductora y feroz, frutal ungida.

Filtro de amor secreto que cumpliera
ceremonial que nunca se le olvida,
inventa pasional y desmedida,
protocolos que nadie conociera.

Yace sobre lo efímero escondida
gracias a la belleza concedida
sin que su corazón interpusiera

travesaño al portal, contrapartida
del sexo y la razón  desprotegida
del oficio que acaso no escogiera.

La imagen que ilustra esta entrada, pertenece al pintor Frederik Carl Frieseke

23 de julio

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Fue en el hospital, un día antes de tu primera cirugía. Allí estábamos, con nuestros hijos y el pastel que habíamos llevado para la celebración. Yo atendía el teléfono respondiendo a la cantidad de amigos que llamaban para desearte felicidades.
Pensábamos que todo iría bien y el próximo cumpleaños lo festejaríamos por lo alto.
Pero no fue así. El último 23 de julio, la última sonrisa, el quiebre de nuestras vidas.
Después, ya nada sería igual.

De regalo, aquí está uno de tus tangos preferidos. El Clavelito. No conseguí la versión de Edmundo Rivero, pero estoy segura que esta te va gustar ¡y mucho!











Nadie alcanza la perfección, de carne somos,
sumamos bendiciones y quebrantos,
desviamos el rumbo ciertas veces
sin rastros que permitan el regreso.


Fuiste, fuimos, dos plumas en el viento
encuentro o lejanía tormentosa,
pájaros encendidos en la lluvia,
gárgolas asomando en la neblina.


Pasa el tiempo, se aquieta la añoranza
más no se va, tan solo se adormece.
Y brinca el corazón acelerado
cuando los duend…

En mis manos

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En mis manos la forma del rocío el pendular avance de las horas obcecación de plumas ritual de la impaciencia.
Un canto de sirena viajeros en la noche interminable y la luz tan lejana que se pierde como se muere el gris en la llovizna.

Paisaje interior

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Cuando la ausencia grita por mis poros y los rieles se oxidan agotados vacío está el paisaje de mis días trabados a lo lejos en un punto donde el ojo no alcanza a divisarte.