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Matilde sueña

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Matilde sueña Sueña con barriletes de colores sobre un campo de  anémonas que semejan  rubíes desplegados en edredón de encaje y terciopelo. En su sueño,  asoman pájaros que beben el rocío hasta el hartazgo, para luego volar dibujando  figuras en el cielo, cual ráfagas de etérea geometría. Palidecen jazmines, naranjales se doblan al peso de  frutos en sazón. Y en un rayo de luna, Matilde se estremece de azucenas, entona un canto dulce como un rezo y se tiende a la espera de amaneceres portadores de ventura, para enderezar el rumbo de aquellos que tejen el destino con alambres forjados en el odio. Matilde sueña. Y en su sueño de espejos y glicinas, un ángel se desprende de sus alas y se aleja silbando hacia la noche. Catalina Zentner Marzo, 2012 Imagen: La niña sueña, de Paul Gauguin

Tanka 25

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Cesó la lluvia maduran los manzanos danzan las hadas detrás del arco iris cuando nace la tarde

Solo nos queda el tiempo

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Sólo nos queda el tiempo, y nosotros mismos para poder encontrarnos José A. Socorro – Noray El tiempo echando brasas al olvido perfilando  siluetas desvaídas, desatando cordeles, socavando el espacio dejado por el canto. El tiempo, urgencia y pájaro extraviado, carmines, tornasoles y veranos, cuando todo parece derretirse en la llanura herida por el rayo. El tiempo de volver hacia nosotros entre túmulo oscuro y osadía enderezando el rumbo de la nave hacia el noray parido por un sueño. Catalina Zentner Buenos Aires, 2012

Haiku 40

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Verdor sereno cristales de agua clara escucha el viento

Partir

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Partir cuando es de noche en el silencio colgado de la enagua de la luna despojado febril irreverente como suele ocurrir en los destierros voluntarios o acaso inapelables. Partir diciendo adiós frente al espejo revelador de palmas e infortunios como quien se despoja de cordura para afrontar oráculos vencidos. Partir es naufragar en el enclave de  litoral barrido por el viento rémora  que anticipa vuelo ignoto quebradura de ayer inconsistente. Partir y retornar esa es la historia cautiva de la mente si soñamos que es posible encender luz en la niebla en vuelo hacia el ocaso que nos llama Catalina Zentner Buenos Aires, 2012 Imagen tomada de Internet

Estela de los Milagros

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Imagen: Edward Hopper Cuando nació sus padres eligieron llamarla Estela de los Milagros. Ironías del destino, ya que su vida se deslizó con  total ausencia de prodigios. Rutinaria y metódica, la cadena de mandos establecida desde abuelos, padres, tíos y hermanos mayores se cumplía a rajatabla. Estela creció en un clima represivo y, al ingresar en la adolescencia, cuando su sangre reclamaba libertad para saciar su cuerpo en el reflujo de pasiones y arrebatos,  hubo de conformarse con volcar en un cuaderno sus sensaciones en líneas desordenadas, confusas, irreverentes. Un cuaderno escondido que jamás llegó a ver la luz. Más tarde, fue inevitable que sus escapadas y mentiras tejieran la trama  que envolvió su ingreso al mundo adulto. Estela de los Milagros florecía al degustar la miel de lo prohibido, aún cuando la culpa acechaba esperando el tiempo propicio para conducirla al infierno del cual no es posible retornar sin cicatrices. No hubo milagros par...

Llueve

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Llueve Lunes de lluvia, indóciles mis dedos bailan sobre el teclado dibujando palabras. Reina el silencio, nada turba el milagro de entender que la magia está en cosas tan simples como prender con pétalos caídos una lámpara, o liberar otoños del encierro del alma. Lunes de lluvia clara, paridora de poemas, ventanas entreabiertas, cerrojos oxidados. Postal que me define en estado de ánimo oscilante, incompleto, nostálgico, bizarro. (Cuando asome la luna no habrá sed, solo olvido) Catalina Zentner Buenos Aires, marzo de 2012