domingo, 25 de marzo de 2012

Estela de los Milagros

Imagen: Edward Hopper


Cuando nació sus padres eligieron llamarla Estela de los Milagros. Ironías del destino, ya que su vida se deslizó con  total ausencia de prodigios. Rutinaria y metódica, la cadena de mandos establecida desde abuelos, padres, tíos y hermanos mayores se cumplía a rajatabla.

Estela creció en un clima represivo y, al ingresar en la adolescencia, cuando su sangre reclamaba libertad para saciar su cuerpo en el reflujo de pasiones y arrebatos,  hubo de conformarse con volcar en un cuaderno sus sensaciones en líneas desordenadas, confusas, irreverentes. Un cuaderno escondido que jamás llegó a ver la luz.

Más tarde, fue inevitable que sus escapadas y mentiras tejieran la trama  que envolvió su ingreso al mundo adulto. Estela de los Milagros florecía al degustar la miel de lo prohibido, aún cuando la culpa acechaba esperando el tiempo propicio para conducirla al infierno del cual no es posible retornar sin cicatrices.

No hubo milagros para Estela, su historia, sin un final feliz, culminó un día cuando la soledad le devolvió una imagen en el espejo que no supo o no quiso reconocer. Es que su lozanía se había desgastado en correrías quiméricas, en repetidas frustraciones, abandonos, mentiras.

Entonces se dio cuenta de todo lo perdido. Era tarde y llovía. Con sus alas cortadas,   simplemente se dejó caer en un viejo sillón frente a la ventana de su cuarto, acompañada por la culpa inculcada desde la cuna y sostenida por encuentros furtivos donde no halló el amor sino el espanto.

Travestida en la sola ilusión de ser rescatada por esa mano fría y descarnada que cumpliría por fin el milagro escindido en las letras de su nombre, bebió el líquido amargo como si del más dulce brebaje se tratara.

A su alrededor, las voces de fantasmas del pasado iniciaban el ritual de la espera.


Catalina Zentner
Buenos Aires, 2012

lunes, 12 de marzo de 2012

Llueve


Llueve



Lunes de lluvia, indóciles mis dedos bailan sobre el teclado dibujando palabras. Reina el silencio, nada turba el milagro de entender que la magia está en cosas tan simples como prender con pétalos caídos una lámpara, o liberar otoños del encierro del alma.



Lunes de lluvia clara, paridora de poemas, ventanas entreabiertas, cerrojos oxidados. Postal que me define en estado de ánimo oscilante, incompleto, nostálgico, bizarro.



(Cuando asome la luna no habrá sed, solo olvido)



Catalina Zentner

Buenos Aires, marzo de 2012

lunes, 5 de marzo de 2012

Poesía

Diosa de luz persistes en esquivar fantasmas,
te donas en la pira, vestal de mariposas.

Renuncio a perseguirte, aguardo tu presencia
en portales de fuego, en rituales ignotos,
en la yerma estructura del cansancio y la fiebre.


Hasta que tú me rozas con palidez de luna
me consagro,  sujeta a tu gracia furtiva,
naciente de llovizna,  arsenal de quimeras.


Catalina Zentner
Enero 2012
Imágenes tomadas de Internet