Lo que no existe detrás y más allá de la mirada lo que regresa cuando el olvido clausura las ventanas lo que refleja los últimos rubores del otoño lo que nos queda después de remolino y marejada lo que se niega cuando la tarde se suicida en bruma lo que adivino del lado equivocado de la luna lo que pretendo de los vientos, los diluvios, las mareas lo que redime de tanta oscuridad en la vigilia lo que nos sopla hálitos de nuestra propia historia lo que nos suma a todos los oasis y desiertos.
Catalina Zentner
Nunca pensé en un blog como diario de vida, sino como un sitio para exponer literatura, buena o no tanto, de producción propia o tomada de autores universales, tomando la bitácora como el vehículo ideal para ofrecer a quienes disfruten de la lectura, una opción “de entrecasa” lejos del brillo que otorga el reconocimiento y la difusión masiva a través de editoriales corporativas. Poco a poco se empezó a gestar un vínculo afectivo, exento de intereses personales, propicio a la crítica amable que estimula y nos hace sentir que estamos acompañados en el rumbo fortuito de nuestros sueños. Y sucede (me ocurre) que comienzo a sentir un abrazo tierno que me rescata de una realidad surcada de dolor y lágrimas, una realidad que me acerca a la pérdida de un ser amado, aunque no cese la batalla por ganar la partida a la inevitable y acudamos a todos los medios (pragmáticos o no) como herramientas en esa lucha que anuda noches, días, semanas, en un rosario de incertidumbre y desazón. Y se...
Dicen que siempre se vuelve a los lugares en donde uno fue feliz. Los que sabemos de exilios -voluntarios o no- preferimos llevarlos con nosotros, guardaditos en rincones secretos, esperando asome la niña que nos habita para conducirnos hasta ellos. Hoy mi niña desciende envuelta en rayos de purísima luz desde una colina transparente custodiada por una bandada de flamencos, para avanzar por recodos del recuerdo hasta Asunción, lugar de mi primera infancia y despertar adolescente. Tomadas de la mano, paseamos por Piribebuy y sus arroyos (hilos de agua clara serpenteando entre el rojo de la tierra y el verde intenso de la vegetación), seguimos hasta Ypacaraí y su lago fundacional de ensoñaciones, enfilamos hacia Caacupé y su virgen milagrosa, arribando después a San Bernardino, sitio de vacaciones placenteras. Volvemos a las noches del Paraguay de brillo estelar que nos baña de luminosidad, en el patio de la vieja casa. Huimos del calor sofocante de las habitaciones para do...
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