Nunca pensé en un blog como diario de vida, sino como un sitio para exponer literatura, buena o no tanto, de producción propia o tomada de autores universales, tomando la bitácora como el vehículo ideal para ofrecer a quienes disfruten de la lectura, una opción “de entrecasa” lejos del brillo que otorga el reconocimiento y la difusión masiva a través de editoriales corporativas. Poco a poco se empezó a gestar un vínculo afectivo, exento de intereses personales, propicio a la crítica amable que estimula y nos hace sentir que estamos acompañados en el rumbo fortuito de nuestros sueños. Y sucede (me ocurre) que comienzo a sentir un abrazo tierno que me rescata de una realidad surcada de dolor y lágrimas, una realidad que me acerca a la pérdida de un ser amado, aunque no cese la batalla por ganar la partida a la inevitable y acudamos a todos los medios (pragmáticos o no) como herramientas en esa lucha que anuda noches, días, semanas, en un rosario de incertidumbre y desazón. Y se...
Lo que no existe detrás y más allá de la mirada lo que regresa cuando el olvido clausura las ventanas lo que refleja los últimos rubores del otoño lo que nos queda después de remolino y marejada lo que se niega cuando la tarde se suicida en bruma lo que adivino del lado equivocado de la luna lo que pretendo de los vientos, los diluvios, las mareas lo que redime de tanta oscuridad en la vigilia lo que nos sopla hálitos de nuestra propia historia lo que nos suma a todos los oasis y desiertos.
Catalina Zentner
El boleto de ida era uno solo, nos resistíamos a aceptar que en el sorteo me tocaba ser la infortunada. Perdido por perdido sobrevuelo el vacío con medio corazón atravesado por metralla de sal, punzón de hielo. Vendrá el tiempo de lluvias habrá alguna otra primavera un sol decepcionado un abrazo frustrado en el hueco de la ausencia. Y yo aquí, donde no escucho el trino de los mirlos ni florecen jazmines y azucenas y se doblan de rabia las palmeras renegando de todo y contra todo apartada del zumo del deseo fatigada de acerbo desamparo habitante de negros torbellinos perdida y sin sostén que me reponga el saldo en rojo balance que no cierra. Persisto en la morada del infierno temido, inevitable, despiadado. Catalina Zentner 29-11-08 A todos, muchas, muchas gracias. Empezaré a visitarles nuevamente, poco a poco.
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Abrazos