Mala Praxis
Tan solo dos palabras nos roban el aire nos desnudan al filo del precipicio en la agobiante bruma del silencio.
Silencio cómplice, demoledor. Silencio inabordable para el poeta. Absurdo, irremediable, catastrófico, después ya nada vuelve a ser igual.
Víctimas de un sistema inapelable al que le toca, como en ruleta rusa: unos retornan al mundo de los vivos, otros sucumben a errores inhumanos.
Después el llanto amargo, puro acíbar alimentando rabia y maldiciones hacia quien se otorgó poder divino y estableció su feudo en un quirófano.
Afuera alguien silba una melodía estalla de color la primavera un pájaro alimenta a sus pichones el mar está tranquilo y muy azul.
Y yo persigo un sueño pero en vano, despierto entre sudor y escalofrío como autómata giro entre unos versos sin sentido, sin alma, sin alivio.
Mala praxis, le dicen, eufemismo por realidad: homicidio ¿culposo? Preguntas sin respuestas, r...
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Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, Nana continuó con sus estudios, gracias al apoyo de su profesor de música y permaneció en el conservatorio hasta 1950. Luego cantó en pequeños clubes nocturnos, donde Harry Belafonte la daría a conocer posteriormente. Al percatarse de estas 'escapadas' de Nana a los clubes de jazz la echaron del conservatorio, y como ella menciona: Mi maestro me dijo: jazz o clásica, y yo opté por la música.