La camioneta verde

El tío Natalio era un gigante rubio de ojos color celeste clarísimo.
Trabajador como pocos, ese niño de 1,90, era el único miembro de nuestra familia que poseía vehículo. En la camioneta verde, inolvidable carruaje de nuestras ensoñaciones infantiles, una vez por semana tío Natalio colocaba tablones en la parte posterior descubierta. Y hacía el recorrido buscando a la gente menuda “para dar una vuelta por ahí”.
Mis seis primos, mi hermano y yo éramos los pasajeros de un corto viaje que nos parecía una aventura.
Tío Natalio había nacido en un pueblo ubicado en Galitzia, lo que hoy se conoce como Ucrania. Muy pequeño llegó a Asunción, traído por algunos familiares cuyos nombres se han perdido en el tiempo. Sus padres y hermanos permanecieron en Europa.
Casado con Sara, hermana de mi papá, fue desde el primer momento nuestro tío preferido. Siempre sonriente, su presencia era sinónimo de jolgorio. Salvo aquella tarde que jamás pude olvidar.
Días antes flotaba un ambiente raro, que supe percibir a pesar de mis pocos años. Finalmente papá me tomó en sus brazos y me dijo:
-Vamos a conocer a Ester, la hermana de tío Natalio que acaba de llegar de Europa. Estuvo un poco enfermita, así que no te asustes cuando la veas.
Las palabras de papá fueron insuficientes para alertarme sobre la visión que horas después tendría ante mis ojos.
Me parecía imposible que esa mujercita calva y aterrorizada que pronunciaba frases incomprensibles, pudiese tener algo que ver con el tío que nos llevaba a pasear y colmaba nuestros bolsillos con monedas y golosinas.
Cuando pregunté, con la inocencia de mi corta edad:
-¿Por qué la hermana de tío Natalio tiene esos números azules en el brazo? – se hizo un largo silencio.
Como si de pronto todas las palabras se hubiesen dormido y no habría voces capaces de despertarlas.
Nadie respondió a mi pregunta. Tampoco volví a insistir. Ya tendría tiempo de encontrar respuestas, más adelante.
Pasaron varios meses. Ester recuperó algo de peso, cierta serenidad en la mirada y su cabeza se cubrió con una suave pelusa castaña. Y empezó a conocer los rudimentos de la lengua castellana. Hablaba con un acento muy gracioso provocando nuestra risa, que se la contagiábamos. De esa manera, junto a nosotros, se inició en el aprendizaje de la alegría.
Hasta que al fin llegó el día en que se sumó a nosotros en la camioneta verde, cuando tío Natalio nos llevaba “a dar una vuelta por ahí”.
Años después Ester se casó con un buen hombre y, aunque no pudo tener hijos, volcó en los sobrinos propios y los de su hermano el caudal de amor que hizo las delicias de nuestra infancia.
Catalina Zentner
2007
Comentarios
Cuando se personaliza un horror como el holocausto en una persona querida, se hace más nuestro y más perceptible.
¡Ójala nunca más haya personas heridas como tu tía Ester!.
Un beso desde España.
Soledad.
Tanto odio, tanta maldad, tanta bajeza humana junta.
Pero, lo más importante es que muchas de las personas que vivieron ese infierno, hayan podido hacer una vida normal a futuro, aunque nunca olvidasen,un pasado tan doloroso y horrible.
De alguna manera, el ser humano, sale adelante en la peor situación, dependerá del esfuerzo y la fe que le coloquemos.
Siempre que haya vida, habrá esperanza y volveremos a sonreír.
Muchos cariños, mi niña y gracias por el mensaje.
Agualuna
Y cuando eso sucede, el alma se serena.
Un beso a ambas.
Me ha emocionado esa frase que dices:
"De esa manera, junto a nosotros, se inició en el aprendizaje de la alegría".
¡Qué bueno, que ella tuviese esa oportunidad!
Un beso.
Un beso.
Fer, que casualidad, mi tío tenía un negocio de esos antiguos, que nunca conocieron la modernidad, de venta de camisas y pantalones, también en la calle 25 de Mayo, ya no recuerdo a que altura, pero era bien céntrico, una cuadra antes de la Plaza que está frente al banco.
Abrazos,
Catalina
Acabo de ver tu blog.
Espero que visites mi blog, son fotos de mi pueblo, de España y de Italia y Francia:
http://blog.iespana.es/jfmmzorita
http://blog.iespana.es/jfmm1
http://blog.iespana.es/jfmarcelo
donde encontrarás los enlaces de todos los blogs.
UN SALUDO.
Elephantaire y Marcelo, por si no se dieron cuenta, lo dicho a Nélida puede aplicarse a vosotros, igualmente los iré a visitar.
Un abrazo, Catalina
Me has hecho recordar al Tío Pepe, el era así y, esas cosas, a el le gustaba esa canción de Serrat "Tio Alberto" y decía que todos hemos tenido un tío como ese, cuando él era uno.
Ella en cambio me ha vuelto a los amigos de la familia materna, a aquellos que conocí desde niña y que venían del holocausto y que a pesar y con el dolor, con el haber vivido situaciones límite, el horror y la crueldad siempre entregaban sonrisas, alegría, cariño. Deben haber sido los amigos más entrañables de la familia.
Gracias por ese viaje de recuerdos.
Cariños,
Un beso y gracias por estar.
Habrá más veces en que busque tus versos, seguro.
Un besito.
Un abrazo apretado...
Migdalia
Cuánto horror verdad?
Besos.
Sabrina Isabel, Migdalia, Toro, los seres ¿humanos? no aprendemos y volvemos a cometer errores, injusticias, barbaridades...
Gracias por estar presente en mis memorias y silencios.
mil besos
y
FELIZ DIA DE LA MADRE!
Abrazos.