viernes, 28 de agosto de 2009

Las Musas

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Digo que están ausentes
escondidas
indóciles
sordas a mi llamado
ajenas al delirio
de no saberlas
cuando
la sed me martiriza.


Digo que se disgregan
me obnubilan
se escapan
hábiles tejedoras
de redes
como arañas
donde caigo y mis alas
no retoman el vuelo.


Digo que sólo llegan
cuando ven que moldeo
el barro donde cuezo
pesares y alborozos.
Y en vez de darme dádivas
calladas acompañan
el andar errabundo
entre verbos dispersos.

Catalina Zentner, 2008

domingo, 23 de agosto de 2009

Noche

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Cuando la noche avanza
entre suaves reflejos de estrellados misterios
yo me abrazo a la luna como una niña triste.


Me disuelvo en el aire
me bañó en el silencio protector y sereno
entre luces y sombras reposa la nostalgia
acaso alguien me mire detrás de algún espejo.


Pretéritos acordes de raras melodías
acariciantes olas del mar de mi memoria
ausencias memorables sangrando en mis entrañas
corazones de ámbar latiendo entre azucenas.


Noche
herida de amores
portal del desconsuelo.


Catalina Zentner

miércoles, 19 de agosto de 2009

Hoy

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Seis meses, ciento ochenta y un días, 
medio año, un siglo, una vida,
¡la eternidad!






Hoy es un día en el que solamente caben 
recuerdos y silencio...

lunes, 10 de agosto de 2009

Lo bello y lo feo

Una voz como la de esta adolescente de 13 primaveras nos permite creer en el costado del mundo donde los milagros son posibles.
Su nombre es Giuliana Danze, no lo olviden.





En cambio lo feo, está denunciado en este Video de divulgación sobre la actual modalidad de minería llevada a cabo en la Agentina y en el mundo.Con la participación voluntaria de los siguientes actores: Julieta Díaz, Raúl Taibo, Georgina Barbarossa, Silvia Pérez, Mirta Wons, Gastón Pauls, Nicolás Pauls, Laura Azcurra, Carlos Portaluppi, Juan Palomino, Leonor Manso, Celina Font, Cristina Martin (Conciencia Solidaria) y realizado por el director Pablo D'Alo Abba.




Te recuerdo que puedes bajar gratis la Revista
Estrellas Poeticas desde este link:
http://revistaestrellaspoeticas.blogspot.com/

miércoles, 5 de agosto de 2009

Autorretrato

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Perdida en la neblina de unos versos
intenta redimirse del pecado
de soñar que es posible alzar el vuelo
por sobre estribaciones y pesares.


Realiza malabares
arma silencios
trueca rayos de luz por estampida
de plumas que diluvian.


Balancea
inquietudes dispersas en olvidos
retoña en cada rama despojada
abre un cuaderno viejo
escribe un poema
y siente que el vacío duele menos
oculto en el revés de su sonrisa.

Catalina Zentner
Agosto 2009

domingo, 2 de agosto de 2009

Esto es Argentina, no es África aunque lo parezca


Estas son algunas de las fotos extraídas de un mail enviado por el padre Mario Moreyra, que trabaja en una parroquia de Resistencia, (Provincia del Chaco).

Realidad inadmisible constatada por quienes han ido a misionar en la zona de El Impenetrable chaqueño, especialmente en los parajes de Fortín Lavalle, Bermejito,  Miraflores y Espinillo, también en las pequeñas localidades de El Mojón, Manantiales, El Palmar.

A continuación, transcribo el mail recibido:

En estos tiempos el Chaco concita la atención de todo el mundo.

Prensa y televisión global vienen a mirar los estragos de la desnutrición que afecta a miles de aborígenes en los bosques que se conocen - ya impropiamente - como El Impenetrable. Mi colega y amiga Cristina Civale, autora del blog Civilización y Barbarie, del diario Clarín, me invita a acompañarla.
No es la primera invitación que recibo, pero sí la primera que acepto. Rehusé viajar antes de las recientes elecciones, porque, obviamente, cualquier impresión escrita se habría interpretado como denuncia electoral. 

Y yo estoy convencido, desde hace mucho, de que la espantosa situación socioeconómica en que se encuentran los pueblos originarios del Chaco, y su vaciamiento sociocultural, no son mérito de un gobierno en particular de los últimos 30 o 40 años (los hubo civiles y militares; peronistas, procesistas y radicales) sino de todos ellos.


Primero nos detenemos en Sáenz Peña, la segunda ciudad del Chaco (90 mil habitantes), para una visita clandestina -no pedida ni autorizada- al Hospital Ramón Carrillo, el segundo más importante de esta provincia.
Civale toma notas y entrevista a pacientes indígenas en las salas de Tisiología, mientras yo recorro los pasillos mojados bajo las infinitas goteras de los techos, y miro las paredes rotas, despintadas y sucias, los patios roñosos y un pozo negro abierto y rebalsando junto a la cocina.
Aunque el frente del hospital está recién pintado, detrás hay un basural a cielo abierto en medio de dos pabellones.

Vidrios y muebles rotos, escombros, radiografías, cascotes y deshechos quirúrgicos enmarcan las salas donde los pacientes son sólo cuerpos chupados por enfermedades como la tuberculosis o el Chagas.
Me impresiona la mucha gente que hay tirada en los pisos, no sé si son pacientes o familiares, lo mismo da.

Una hora después, en el camino hasta Juan José Castelli -población de 30 mil habitantes que se autocalifica "Portal del Impenetrable"- la desazón y la rabia se perfeccionan al observar lo que queda del otrora Chaco boscoso. Lo que fue imperio de quebrachos centenarios y fauna maravillosa, ahora son campos quemados, de suelo arenoso y desértico, con raigones por doquier esperando las topadoras que prepararán esta tierra para el festival de soja transgénica que asuela nuestro país.  

Entramos -nuevamente por atrás- al Hospital de Castelli, que se supone atiende al 90 o 95 por ciento de los aborígenes de todo el Impenetrable. Lo que veo allí me golpea el pecho, las sienes, los huevos: por lo menos dos docenas de seres en condiciones definitivamente inhumanas. Parecen ex personas, apenas piel sobre huesos, cuerpos como los de los campos de concentración nazis.

Una mujer de 37 años que pesa menos de 30 kilos parece tener más de 70. No puede alzar los brazos, no entiende lo
que se le pregunta. Cinco metros más allá una anciana (o eso parece) es apenas un montoncito de huesos sobre una cama desvencijada.

El olor rancio es insoportable, las moscas gordas parecen ser lo único saludable, no hay médicos a la vista e impera un silencio espeso, pesado y acusador como el de los familiares que esperan junto a las camas, o tirados en el piso del pasillo, también aquí, sobre mantas mugrientas, quietos como quien espera a la Muerte, esa condenada que encima, aquí, se demora en venir.

Siento una furia nueva y creciente, una impotencia absoluta.

Le pregunto a una joven enfermera que limpia un aparador vidriado si siempre es así. "Siempre", responde irguiéndose con un trapo sucio en la mano, "aunque últimamente han sacado muchos, desde que empezó a venir la tele".
Es flaquita y tiene cara de buena gente: se le ve más resignación que resentimiento.

Son 44 enfermeros en todo el hospital pero no alcanzan para los tres turnos. Trabajan ocho horas diarias cinco días por semana y cobran alrededor de mil pesos los universitarios, y menos de 600 los contratados, como ella.
Los días de lluvia los techos se llueven y esto es un infierno, dice y señala los machimbres podridos y los pozos negros saturados que revientan de mierda en baños y patios. Y todo se lava con agua, nomás, porque "no tenemos lavandina".

Camino por otro pasillo y llego a Obstetricia y Pediatría. Allí todos son tobas. Una chiquilla llora ante su hijo, un saquito de huesos morenos con dos ojos enormes que duele mirar.

Otra joven dice que no sabe qué tiene su nena pero no quiere que muera, aunque es obvio que se está muriendo.
Hay una veintena de camas en el sector y en todas lo mismo: desnutrición extrema, mugre en las sábanas, miles de moscas, desolación y miedo en las miradas.
Después viajamos otra hora y el cuadro se hace más y más grotesco.

Paramos en Fortín Lavalle, Villa Río Bermejito, las tierras allende el Puente La Sirena, los parajes El Colchón,
El Espinillo y varios más.
Son decenas de ranchos de barro y paja, taperas infames donde se hacinan familias de la etnia Qom (tobas).
Todas, sin excepción, en condiciones infrahumanas. 

Digan lo que digan, estas tierras -más de tres millones de hectáreas- fueron vendidas con los aborígenes dentro.

Son varios miles y están ahí desde siempre, pero no tienen títulos, papeles, ni saben cómo conseguirlos.
Los amigos del poder sí los tienen, y los hacen valer. El resultado es la devastación del Impenetrable: cuando el bosque se tala, las especies animales desaparecen, se extinguen. Los seres humanos también.
Y aunque algunas buenas almas urbanas digan lo contrario, y se escandalicen ciertas dirigencias, en el ahora ex Impenetrable chaqueño palabras duras como exterminio o genocidio tienen vigencia. 


Desfilan, ante nuestros ojos, enfermos de tuberculosis, Chagas, lesmaniasis, niños empiojados que sólo han comido harina mojada en agua, rodeados de perros flacos, huesudos y ojerosos como sus dueños. Se llaman Margarita, Nazario, Abraham, María y lo mismo da. Casi todos dicen ser evangelistas, de la Asamblea de Dios, de la Iglesia Universal, de "los pentecostales" o "los anglicanos". Involuntariamente irónico, evoco a Yupanqui: "Por aquí, Dios no pasó".
Al caer la tarde estoy quebrado, roto, y sólo atino a borronear estos apuntes, indignado, consciente de su inutilidad.


Al partir de regreso veo en un caserío un cartel deshilachado por el sol:
"Con la fuerza de Rozas, vote lista 651".

Y en la pared de un rancho de barro, seguramente infestada de vinchucas, veo un corazón rojo como el de los
pastores mediáticos brasileños de "Pare de sufrir".
Abajo dice: "Chaco merece más. Vote Capitanich".


En alguna oficina el ministro de Salud de esta provincia seguirá negando todo esto, mientras el gobernador se prepara para ser senador y vivir en Buenos Aires, bien lejos de aquí, como casi todos los legisladores.