martes, 30 de septiembre de 2008

¿Felicidad?

flor9

Mi amiga More Baker me ha encomendado una tarea: enumerar catorce cosas que me hacen feliz.


Tomo la consigna, aclarando que no creo en la existencia de ese estado ideal que llamamos felicidad, la confundimos con el reparo de ciertos oasis en el deambular por zonas desérticas, inhóspitas, oscuras, de nuestra vida.

Al comprobar que algunos fueron solamente espejismos, aprendí que la felicidad no existe, acaso nos aproxime a ella la estela de un deseo, la voluntad de creer en los sueños, una sonrisa compartida, la mirada que acaricia, el beso inesperado, una carta tardía, el llamado de un hijo que está lejos, un amanecer de pájaros que dibujan piruetas en el cielo, una voz compasiva entre bramidos, pisar las hojas secas en otoño, aromas de tostadas y chocolate caliente en mañanas invernales, veranos trasfundidos en oro líquido, bailarinas de Degas desprendidas de un cuadro al compás de un nocturno de Chopin, un libro de Cortázar, lapachos encendidos en agosto, la luna seda y plata sobre el río, un hombre y su guitarra a la intemperie, un mar azul de linos florecidos, el esencial abrazo del hermano, una abuela perdida en la memoria, una mesa tendida a los amigos, el retorno de aquellos que partieron, la flor que recogimos un verano.

El último verano que recuerdo.


Entrego el desafío a Mónica, poeta y amiga sensacional. Y a todos quienes elijan sumarse a esta convocatoria, que no es meme ni juego sino un viaje reflexivo a nuestro interior.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Extraño amor

chica


Y yo no me encontraba. Ciega de toda luz, con mi risa extraviada, buscaba edificar mi canto entre polvo y escombros.

Como un espectro estéril, como un pájaro sediento de veranos, como una soledad en combustión perpetua. Con mi ayer doblándome la espalda en múltiples olvidos.

Entonces, fuiste tú. Sin preámbulos ni despedidas. Una alucinación del alma y los sentidos. Un suave deslizarse del cuerpo por una instancia desmembrada de la niebla.

Extraño y buen amor, breve y radiante. Pecado florecido entre fragmentos de oscuridad y asombro. Hiedra tenaz prendida para siempre más allá del brusco despertar sobre la nada.


Catalina Zentner

martes, 16 de septiembre de 2008

Una hoguera donde todo se consume

¡Seguimos avivando el fuego!



pareja

En el espacio

que media entre susurros y silencios

atraviesan la oscuridad

relámpagos de fuego.


Sobre un lecho

de pétalos quemados

el amor tiene nombre de cenizas y estrellas.


Sube una llama húmeda

que se pega a los cuerpos

los ojos y las lenguas.


Naufragan en sudores

en ríos tibios y mieles abisales

remontando caminos trastornados de tiempo


Y luego nada importa

ni los relojes, tampoco los espejos.


La eternidad es este instante

mientras yacen sobre corolas abrasadas

en el tupido follaje del deseo.



Catalina Zentner

viernes, 12 de septiembre de 2008

Post Nº 100

Hoy no celebro el cumpleaños de este Blog, ya que hubo altibajos en su continuidad.
Si, con gusto comparto el Post Nº 100, número al que he llegado gracias a vuestro apoyo, un verdadero estímulo para la creación.


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Voy a dormir, amor,

no me despiertes.



Déjame en el portal de la derrota

concédeme la gracia del silencio,

apóstata de verbo inapelable.



Déjame descansar, no me atosigues

es tarde ya, no hay ruta de retorno

ni pasos vacilantes en la acera.



Libero mi cansancio junto al fuego

alguien llevó la manta de mi alcoba

quedaron hilos sueltos, tengo frío.



Que el sueño me distraiga el pensamiento

hundido en el costal de mi martirio

y clave su estandarte entre mis ojos

cerrándolos al timo y tu recuerdo.


Catalina Zentner
Setiembre, 2008

martes, 9 de septiembre de 2008

Si somos

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Si somos

instancias entre amaneceres y llovizna

retazos de pesadumbre y entereza

brocal donde se arrima la memoria...

¿dónde estaremos

cuando la noche nos convoque?

sábado, 6 de septiembre de 2008

Turbadora inmovilidad

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Percibí la presencia en medio de una turbadora inmovilidad.
Esa clase de quietud es como metal imposible de fundir, algo así como la sensación de renacer hacia un final imprevisible.

No había murmullo de aves en tierna cópula, tampoco el deslizarse de guijarros desprendidos del montículo que guarda el más temible de los secretos.

La transparencia de la luz veló por un instante la memoria.

Guiada por aquello cuya faz nunca vería, dirigí mi mirada hacia el poniente, temerosa e ilusionada, buscando sin cesar partículas de oro capaces de forjar la llave redentora.
La única capaz de liberar mi cuerpo de cadenas que me ahogan sin tregua y con encono.


Catalina Zentner

Setiembre 2008


martes, 2 de septiembre de 2008

Lugares II

La niña esta vez aparece envuelta en luz plateada.


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Me dice:

–Toma mi mano, viajemos a aquel lugar que te sostuvo en el quebranto y el placer, en la ilusión y el despojo, en la paradoja y lo racional, ven, no temas recorrer sus calles arboladas, las plazas que conocen tus secretos, las baldosas donde han quedado las marcas de tus pasos.

Me resisto, la niña es ya una adolescente y comprende, sabe que volver es retornar al laberinto y tengo miedo de no encontrar el hilo de Ariadna que señale la salida.

Un breve forcejeo y ella, obcecada, se impone. Una brisa perfumada de azahares me empuja tras su estela de luz desde Asunción, país de infancia, jazmineros y añiles, a una ciudad donde el sol arde en siestas pobladas por duendes silbadores que seducen a muchachas soñadoras. Ese lugar adonde -ahora lo sé- no he de volver.


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Me asomo a la orilla del río que se llevó mis lágrimas teñidas con el color de las ausencias, y noto, deslumbrada, que una capa rosada de flores de lapacho desciende de lo alto, para arropar mis agostos desvaídos.

En una esquina me aguarda Alicia montada en bicicleta, un poco más atrás, Olga y su torta de miel incomparable, veo pasar a Lidia conduciendo su Toyota amarillo mientras disminuye la velocidad para que no se me pierda su sonrisa. ¡Vamos a la Costanera! me dicen las tres. Y yo me dispongo a preparar la merienda para el mate.

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¡Ay! es solamente un espejismo.

Las tres han partido en plena juventud a ese otro país, del que no se regresa.

Me pregunto si existirán motivos que justifiquen mi permanencia aquí y ahora, si solamente puedo armar ramilletes de nomeolvides y adornar con ellos ciertas historias que caerán en el olvido, intrascendentes.

Acaso a nadie importen estas evocaciones -digo a la niña-pero ella sabe que a mí me refrescan el alma, me transportan a ese estado cercano que algunos llaman dicha, aunque sea una utopía, un reflejo de luz que se apaga en la densa atmósfera de los cementerios abandonados.

Fin de enero y principio de febrero de 2007. Último recorrido que presentí, no se repetiría.

Esa intuición me motivó a recorrer algunos tramos que supieron de andares apacibles. Dondequiera que mis pies echen raíces, su esencia va conmigo en cada imagen tatuada en el mural del desarraigo.




Irse es como morir

abrirse a la inclemencia

de adioses atorados

en la memoria absuelta

aunque nos inventemos paraísos

y soñemos que un árbol nos espera


Catalina Zentner, 2008