sábado, 30 de agosto de 2008

Si los caballos...

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Si los caballos
recorren con el viento las praderas.

Si las abejas inventaron las rosas
para emborracharse de dulzura.

Si la montaña permanece
interrumpiendo la quietud del horizonte...

¿Por qué no el hombre?

¿Será acaso que el hombre
es menos que el caballo y la abeja y la piedra?

¿Será acaso que el hombre
atrapado en su jaula de cemento
olvidó contemplar a las estrellas?


Hay un tiempo que se nos va perdiendo
en tanto el mundo gira sin retorno
y una muchacha espera en su ventana.


Catalina Zentner

viernes, 22 de agosto de 2008

Lugares I

Dicen que siempre se vuelve a los lugares en donde uno fue feliz.

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Los que sabemos de exilios -voluntarios o no- preferimos llevarlos con nosotros, guardaditos en rincones secretos, esperando asome la niña que nos habita para conducirnos hasta ellos.

Hoy mi niña desciende envuelta en rayos de purísima luz desde una colina transparente custodiada por una bandada de flamencos, para avanzar por recodos del recuerdo hasta Asunción, lugar de mi primera infancia y despertar adolescente.

Tomadas de la mano, paseamos por Piribebuy y sus arroyos (hilos de agua clara serpenteando entre el rojo de la tierra y el verde intenso de la vegetación), seguimos hasta Ypacaraí y su lago fundacional de ensoñaciones, enfilamos hacia Caacupé y su virgen milagrosa, arribando después a San Bernardino, sitio de vacaciones placenteras.

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Volvemos a las noches del Paraguay de brillo estelar que nos baña de luminosidad, en el patio de la vieja casa. Huimos del calor sofocante de las habitaciones para dormir en literas, con el cielo por techo y el rocío del amanecer goteando de las hojas hasta humedecer las sábanas almidonadas, de impecable blancura.

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Pasamos de largo por el parque Caballero y elegimos avanzar por la calle General Santos hasta la casa de Aurelia, la profesora de Literatura de cuarto año del colegio, la que me abre el portón al universo lorqueano para encausar mi incipiente vocación literaria.

Lanzamos barquitos de papel después de cada lluvia torrencial al costado de las aceras, recibimos la “yapa”, casi siempre dos caramelos de fruta luego de pedir medio kilo de azúcar o un litro de aceite (no necesariamente se recurre al envasado) del almacén de la esquina. Nada de autoservicios, kioscos o polirrubros. Viejos almacenes donde los fideos, el arroz, la yerbamate y la harina colocados en grandes bolsas, se adquieren al peso, según las necesidades del comprador. El almacenero anota en su libreta negra el costo de la compra y el cliente pasará a cancelarla cada fin de mes.

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Nos invitan a cumpleaños infantiles, con tortas caseras y chocolate espeso, las niñas con vaporosos vestidos de organdí y enormes moños de satén sujetando los rizos. Los varones, vestidos como para asistir a una boda.

Y los juegos: el “Antón Pirulero”, “Mantantirulá”, la rayuela, más conocida como “descanso”, las muñecas de loza; si se rompen correremos al Sanatorio de las Muñecas en la calle Teniente Fariña, no quedan perfectas pero al menos las conservaremos un tiempo, abrimos los regalos: el jueguito de té de plástico, las ollitas enlozadas, el monopatín, el sulkyciclo…pero nada es comparable con la bella Marilú que nos trae la abuela, la misma que nos hizo soñar frente a la vidriera de la juguetería durante meses, ella nos mira con sus enormes ojos azules movibles y su permanente sonrisa pintada, así nos sometemos felices ante el magnífico, esperado obsequio.

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Nos encontramos con el primer amor, un morocho que me roba el corazón cuando estreno mis 15 diciembres. Amor de besos robados en el zaguán, caricias impetuosas, virginidad conservada a fuerza de represión ¡cuánto derroche!

Y al atardecer, cuando en la calle Cerro Corá los vecinos sacan sillones a la vereda para disfrutar del fresco hasta la hora de la cena, se rompe el encanto al decirme la niña que es hora de regresar, que hay otros lugares esperándonos.

Nos despedimos. Ella retorna a su país de flamencos y cascadas. Yo, a mi cuarto nimbado por la luna. Sé que volverá, nunca deja de hacerlo.

Siempre estarán esos lugares, aguardándonos, con sus sazones, aromas y colores inalterables, latiendo en cada capítulo del libro donde fueron plasmadas las secuencias de nuestros días.


Catalina Zentner
Agosto, 2008

A los amigos españoles

Que me acompañan con su aliento y cariño, solamente quiero decirles que comparto la tristeza por el terrible accidente aéreo que enluta a numerosas familias españolas y de otros países. Familias que han sido sacudidas por la catástrofe y están sumidas en un dolor que tardará en cicatrizar.

Un abrazo sincero,

Catalina

martes, 19 de agosto de 2008

Tanka XV


Querida gente, a partir de ahora, las damas de
Cofre de Haiku
se trasladan a
Memorial de Silencios.

Siguen abierto el cofre, para quienes quieran
repasar su contenido,
de vez en cuando...

Allí están las damas que eligieron permanecer,
agurdándoles.


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miércoles, 13 de agosto de 2008

Navego entre torrentes

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Navego entre torrentes
de riadas azulinas o brumosas.

Se agazapan recuerdos
como búhos curiosos en la noche.

Diviso un campanario
orla de luz surgiendo entre la niebla.

El asombro
es una rama verde que asoma por mis ojos.

Desde mis dedos vuelan
soles que se convierten en luciérnagas.

Siento en mi corazón
batir de alas y plumas y campanas.

Y se aleja la sombra
herida por la luz, hacia la nada.


¡Gracias, una vez más! Muy lentamente y con altibajos mi vida se está normalizando.

Esto quiere decir que podré disfrutar del inmenso placer de visitarles regularmente.

Les dejo, como siempre, mi cariño.

Catalina



viernes, 8 de agosto de 2008

Regreso

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No es de ahora este amor

no es de este mundo.

Este amor por amor

fuerte y profundo

que nos llena de luz

que nos quema las manos y los ojos

que nos da la inquietud de un algo incierto

como el dolor de una partida

sin adiós ni regreso.

No, no es de este mundo.


La raíz de este amor

no está ahora

en nosotros.

Viene de lejos.

Del silencio.

De cuando vivimos otra vida

y nos llamaban nombres diferentes.

Ya nos quisimos

aún sin conocernos

y nos amamos hoy en el reencuentro.


Este amor

torbellino

laberinto

camino sin retorno

antes hoy y después

desde el principio de todos los comienzos.


Fuimos y somos

las almas y los cuerpos

sobre el yunque

en ígneo mar desnudo de horizontes.

Este amor

tan lejano

y tan próximo

tan nuevo

y tan antiguo

y necesario

como el sol y la lluvia.


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Catalina Zentner
Ayer, hoy, mañana y siempre

lunes, 4 de agosto de 2008

Saludarles con amor...

Las palabras resultan insuficientes para transmitir el bienestar que me produce llegar hasta aquí y encontrar tantas vibraciones positivas.

Emocionada y feliz, ya que la recuperación aunque lenta, dificultosa y por cierto, será también prolongada, cada día hay un nuevo avance.

No podría estar entera sin el amor de quienes me están acompañando generosamente.

A vosotros me debo, amigos. Y la única forma que tengo de decirles cuán importantes son para mí, es dejándoles un poema.

¡Hasta pronto, gente hermosa!


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Mi amor no tiene nombre

ni tiene encarnadura.

Es un grito en la noche,

un navío sin puerto,

es la imaginería,

agua de la mirada.


Mi amor es un silencio,

oleaje de un suspiro,

el temblor de una rama,

la sed y la inocencia.


Mi amor es un designio

que me duele y me arropa,

la tierra desvelada,

el panal de la luz.


Mi amor es una esfera

donde el tiempo comienza.



Catalina Zentner